Desarrollan chips iónicos para impulsar pequeños satélites en el espacio

Desarrollan chips iónicos para impulsar pequeños satélites en el espacio

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Los satélites pequeños están convirtiéndose en herramientas cada vez más populares para obtener imágenes de la Tierra, establecer redes de comunicaciones y en muchas otras aplicaciones. Pero tienen grandes problemas de control: Una vez en el espacio, no pueden apuntar con precisión sus cámaras o cambiar de órbita, y suelen destruirse en una reentrada a la atmósfera en el plazo de unos pocos meses.

Estos satélites carecen de un sistema de propulsión adecuado.

La empresa Accion Systems, cofundada y dirigida por Natalya Brikner, una científica proveniente del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) en Estados Unidos, puede tener la solución idónea para este problema.

La compañía ha desarrollado un sistema comercial de propulsión mediante electroespray con el tamaño inicial de un paquete de chicles y que consta de diminutos chips que proporcionan empuje para satélites pequeños.

Entre otras ventajas, este modulo propulsivo puede ser fabricado por bastante menos que las alternativas actuales.

Esta tecnología podría permitir que satélites de bajo coste, como los conocidos “Cubesats”, se conviertan en más adecuados para varias aplicaciones comerciales y científicas, incluyendo la toma avanzada de imágenes y las redes de comunicaciones, donde muchos vehículos podrían proporcionar una cobertura global.

Paulo Lozano, profesor de aeronáutica y astronáutica en el MIT, inventó la tecnología subyacente.

Otro cofundador de la compañía es Louis Perna, proveniente también del MIT, que fue uno de los inventores del sistema.

El primer modelo comercial de este innovador dispositivo es el MAX-1, un módulo que está dotado de 8 chips, cada uno de 2 milímetros de grosor y 1 centímetro cuadrado de superficie, y que puede ser instalado en cualquier punto de un satélite.

Sobre la Tierra, su empuje tan solo puede mover una hoja de papel, pero en el espacio es capaz de desplazar a un Cubesat, o incluso un satélite ligeramente más grande.

El módulo tiene un tanque de plástico que almacena propergol no volátil ni tóxico.

Encima del depósito están los chips, cada uno de los cuales posee un sustrato poroso y, encima de eso, una rejilla extractora con pequeños agujeros.

Las fuerzas capilares se ocupan de una parte del ciclo de funcionamiento.

La aplicación de un alto voltaje en cierta sección hace que los iones cargados pasen a través de los agujeros a gran velocidad.

Con la extracción y aceleración de estos iones, ese intercambio de momento propulsa la nave espacial en la dirección opuesta.

Fuente: Noticias de la Ciencia

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