La influencia subjetiva del rostro en la confianza que nos despierta una persona

La influencia subjetiva del rostro en la confianza que nos despierta una persona

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Unos investigadores han determinado que ciertos rasgos faciales, al margen de la expresión, influyen a la hora de juzgar si esa persona despierta o no confianza.

El equipo de Stephen Porter y Alysha Baker, de la Universidad de la Columbia Británica (campus de Okanagan) en Canadá, completó recientemente dos estudios que determinan que las personas a menudo realizamos juicios de confiabilidad basándose solo en el rostro.

Lo descubierto sugiere que nuestra apariencia física puede tener grandes repercusiones sobre nuestra credibilidad en ausencia de evidencias que respalden esta y sobre otros rasgos de personalidad que se nos atribuyan, incluso de forma más contundente que la manera de hablar.

El hallazgo afecta al ámbito de las relaciones sociales, al de las laborales e incluso al de la justicia penal, tal como subraya Porter.

En sus experimentos, los investigadores pidieron a los sujetos de estudio que escucharan alegatos solo en audio, que miraran un video, o que examinaran una foto, de personas pidiendo públicamente ayuda para localizar un pariente desaparecido.

Después se pidió a los sujetos de estudio que expresaran sus percepciones personales sobre la confiabilidad y honradez en general de las personas que hacían los llamamientos.

Mucha de la información que alimenta nuestras impresiones sobre la confianza que despierta alguien se deduce de su rostro.

Más específicamente, existen ciertos rasgos faciales que se consideran y que hacen que un individuo parezca más confiable (cejas más altas, pómulos más pronunciados, cara más redonda), y otros rasgos que son percibidos como de aspecto poco confiable (cejas hacia abajo, o una cara más delgada).

En los experimentos se citaron dos casos reales, uno con una mujer de 81 años y otro con un padre de una niña de 9 años desaparecida.

La gente creyó la apelación a la justicia de la anciana, a pesar de que más tarde se determinó que ella mató a su marido.

Y muchos juzgaron que el padre mentía, basándose en sus rasgos faciales, a pesar de que más tarde se demostró que era inocente.

Cuando nos encontramos con una persona desconocida en una situación dada, automática e instantáneamente nos formamos una impresión sobre si esta es merecedora de nuestra confianza porque, evolutivamente, este tipo de valoración nos ha ayudado a sobrevivir.

Por ejemplo, para discernir entre potenciales amigos y enemigos.

Normalmente no nos damos cuenta de esta rápida decisión sobre cada desconocido y puede experimentarse como una “intuición”, pero, tal como argumenta Baker, esto puede ser particularmente problemático en el sistema legal porque estas primeras impresiones son a menudo infundadas y pueden llevar a una toma de decisiones sesgada.

Fuente: Noticias de la Ciencia

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