El mayor peligro de implantes en el cerebro es el rechazo. Ahí es donde la Universidad de Washington podría venir al rescate.
Sus investigadores han elaborado pequeños (más pequeños que la punta de un lápiz) sensores cerebrales inalámbricos que se disuelven.
Su mezcla de silicona y ácido polylactic-co-glycolic (PLGA) es lo suficientemente sofisticado para transmitir datos vitales como la presión craneal y temperatura, pero se derrite después de unos pocos días de exposición a la materia orgánica típica.
Aún no se han realizado pruebas en humanos pero las implicaciones de la tecnología son enormes.
Los médicos pueden realizar un seguimiento de su cerebro en el período inmediatamente posterior a una lesión en la cabeza y decidir si usted necesita o no una cirugía de seguimiento.
Y, como ya habrán adivinado, esta tecnología también podría ser útil para el seguimiento de todo tipo de órganos y condiciones del cuerpo, sin riesgos para la salud a largo plazo o alambres visibles.
Los sensores implantados finalmente podrían convertirse en pilares de numerosos procedimientos médicos, en lugar de herramientas reservadas a circunstancias especiales.
Fuente: Engadget