Un nuevo método de impresión nos permite hacer imágenes más pequeñas de lo que hemos conseguido antes y a color.
Inventada por científicos de la Universidad Técnica de Dinamarca, la nueva técnica se basa en una superficie cubierta con placas pequeñas de metal de sólo unos pocos micrómetros de ancho.
Un láser de alta intensidad golpea las placas en una precisa y pequeña cantidad de tiempo.
Estas ráfagas cortas evitan que el calor se propague de una parte de la placa a otra, y también son suficientes para fundir el metal hasta que tenga una textura específica.
Cada textura produce un color a través de un tipo especial de ondas llamadas plasmones superficiales.
Las superficies metálicas tienen un montón de electrones libres que nadan alrededor en la parte superior de ellos.
Ellos no están asociados a ningún átomo específico, por eso los electrones son tan buenos conductores de la electricidad.
Cuando la luz los excita, comienzan a moverse. En este caso, oscilan través de la superficie en forma de ondas de plasmones.
Estos plasmones también emiten luz, aunque es rara la luz que puede ser vista por el ojo desnudo.
La superficie metálica funciona como un amplificador, dando a la luz de color emitida por los plasmones un impulso.
En el pasado, los plasmones se han utilizado para crear hologramas que no cambian de color, incluso si se cambia el ángulo de observación.
En este caso, los plasmones están creando imágenes fijas, las más pequeñas de lo que nadie ha logrado hacer antes.
Fuente: Gizmodo